martes, 31 de enero de 2012

EVANGELIO DE HOY 31-01-2012, IV DEL TIEMPO ORDINARIO, FESTIVIDAD DE SAN JUAN BOSCO

Contemplar el Evangelio de hoyDía litúrgico: Martes IV deltiempo ordinario
Santoral 31 de enero: San Juan Bosco, presbítero
Texto del Evangelio (Mc 5,21-43): En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?». Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe». Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate». La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.
Comentario: Rev. D. Francesc PERARNAU i Cañellas (Girona, España)
«Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad»
Hoy el Evangelio nos presenta dos milagros de Jesús que nos hablan de la fe de dos personas bien distintas. Tanto Jairo —uno de los jefes de la sinagoga— como aquella mujer enferma muestran una gran fe: Jairo está seguro de que Jesús puede curar a su hija, mientras que aquella buena mujer confía en que un mínimo de contacto con la ropa de Jesús será suficiente para liberarla de una enfermedad muy grave. Y Jesús, porque son personas de fe, les concede el favor que habían ido a buscar.

La primera fue ella, aquella que pensaba que no era digna de que Jesús le dedicara tiempo, la que no se atrevía a molestar al Maestro ni a aquellos judíos tan influyentes. Sin hacer ruido, se acerca y, tocando la borla del manto de Jesús, “arranca” su curación y ella enseguida lo nota en su cuerpo. Pero Jesús, que sabe lo que ha pasado, no la quiere dejar marchar sin dirigirle unas palabras: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad» (Mc 5,34).

A Jairo, Jesús le pide una fe todavía más grande. Como ya Dios había hecho con Abraham en el Antiguo Testamento, pedirá una fe contra toda esperanza, la fe de las cosas imposibles. Le comunicaron a Jairo la terrible noticia de que su hijita acababa de morir. Nos podemos imaginar el gran dolor que le invadiría en aquel momento, y quizá la tentación de la desesperación. Y Jesús, que lo había oído, le dice: «No temas, solamente ten fe» (Mc 5,36). Y como aquellos patriarcas antiguos, creyendo contra toda esperanza, vio cómo Jesús devolvía la vida a su amada hija.

Dos grandes lecciones de fe para nosotros. Desde las páginas del Evangelio, Jairo y la mujer que sufría hemorragias, juntamente con tantos otros, nos hablan de la necesidad de tener una fe inconmovible. Podemos hacer nuestra aquella bonita exclamación evangélica: «Creo, Señor, ayuda mi incredulidad» (Mc 9,24).

lunes, 30 de enero de 2012

EN LA LÓGICA DE DIOS, LA AUTORIDAD NO ES PODER SINO SERVICIO, LO DICE EL SANTO PADRE AYER EN EL REZO DEL ÁNGELUS

EN LA LÓGICA DE DIOS, LA AUTORIDAD NO ES PODER SINO SERVICIO



CIUDAD DEL VATICANO, 29 ENE 2012 (VIS).-Como todos los domingos, el Santo Padre se asomó hoy a mediodía a la ventana de su estudio, en el Palacio Apostólico, para rezar el Ángelus con los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro. Entre ellos, estuvieron presentes los niños de la Acción Católica de la diócesis de Roma, que dedican el mes de enero al tema de la paz; al término de la oración mariana, dos de estos niños leyeron un mensaje y liberaron dos palomas, símbolo de paz, desde la ventana del Papa.



Benedicto XVI introdujo el rezo del Ángelus con una breve reflexión sobre la lectura evangélica de hoy, en la que San Marcos narra la predicación de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, con la curación de un hombre poseído por un "espíritu impuro" que reconoce al Mesías. "En poco tiempo -explicó el Papa- la fama de Jesús se difunde por toda la región, que Él recorre anunciando el Reino de Dios y curando enfermos de todo tipo: palabra y acción. (...) La palabra que Jesús dirige a los hombres abre inmediatamente el acceso a la voluntad del Padre y a la verdad sobre sí mismos. (...) Además, Jesús une a la eficacia de la palabra la de los signos de liberación del mal. (...) La autoridad divina (...) es el poder del amor de Dios que crea el universo y, encarnándose en el Hijo Unigénito, descendiendo hasta nuestra humanidad, sana el mundo corrompido por el pecado".



El Santo Padre observó que, a menudo, la autoridad significa para el hombre "poder, dominio, éxito". En cambio, "para Dios la autoridad significa servicio, humildad, amor; significa entrar en la lógica de Jesús que se inclina a lavar los pies de los discípulos, que busca el verdadero bien del hombre, que cura las heridas, que es capaz de un amor tan grande como para dar la vida, porque es el Amor. (...) Invoquemos con fe a María Santísima para que guíe nuestros corazones hacia la misericordia divina, que libera y sana nuestra humanidad, colmándola de gracia y benevolencia con la potencia del amor".



Después del Ángelus, Benedicto XVI recordó tres eventos que se celebran hoy. En primer lugar, en Viena, la beatificación de Hildegard Burjan, "laica, madre de familia, que vivió entre los siglos XIX y XX, fundadora de la Sociedad de las Hermanas de la 'Caritas Socialis'. Alabemos al Señor -dijo el Papa- por este hermoso testimonio del Evangelio".



Asimismo, este domingo es la Jornada Mundial de los Enfermos de lepra. Benedicto XVI les manifestó su cercanía y apoyo: "Quisiera alentar a todas las personas afectadas por esta enfermedad, así como a cuantos les asisten y a quienes se esfuerzan por eliminar la pobreza y la marginación, que son las verdaderas causas de la permanencia de la enfermedad".



En tercer lugar, hoy también se celebra la Jornada internacional de intercesión por la paz en Tierra Santa: "En profunda comunión con el Patriarca Latino de Jerusalén y con el Custodio de Tierra Santa, invoquemos el don de la paz para aquella Tierra bendecida por Dios".



El Pontífice saludó también a los peregrinos en varias lenguas. Dirigiéndose a los fieles polacos, recordó que el próximo jueves, día 2, se celebra la Jornada de la Vida Consagrada: "Agradecidos a los religiosos y religiosas por su ministerio de oración, y por la actividad caritativa y apostólica de la Iglesia, oremos por las nuevas vocaciones. Que el Espíritu Santo suscite en muchos corazones el deseo de dedicarse totalmente a Cristo".

ANG/ VIS 20120130 (600)

EVANGELIO DE HOY 30-11-2012, LUNES IV DEL TIEMPO ORDICARIO

Contemplar el Evangelio de hoyDía litúrgico: Lunes IV del tiempo ordinario

del Evangelio (Mc 5,1-20): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante Él y gritó con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes». Es que Él le había dicho: «Espíritu inmundo, sal de este hombre». Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». Le contesta: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos». Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región.

Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: «Envíanos a los puercos para que entremos en ellos». Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término.

Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con Él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti». Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.
Comentario: Rev. D. Ramon Octavi SÁNCHEZ i Valero (Viladecans, Barcelona, España)
«Espíritu inmundo, sal de este hombre»
Hoy encontramos un fragmento del Evangelio que puede provocar la sonrisa a más de uno. Imaginarse unos dos mil puercos precipitándose monte abajo, no deja de ser una imagen un poco cómica. Pero la verdad es que a aquellos porqueros no les hizo ninguna gracia, se enfadaron mucho y le pidieron a Jesús que se marchara de su territorio.

La actitud de los porqueros, aunque humanamente podría parecer lógica, no deja de ser francamente recriminable: preferirían haber salvado sus cerdos antes que la curación del endemoniado. Es decir, antes los bienes materiales, que nos proporcionan dinero y bienestar, que la vida en dignidad de un hombre que no es de los “nuestros”. Porque el que estaba poseído por un espíritu maligno sólo era una persona que «siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras» (Mc 5,5).

Nosotros tenemos muchas veces este peligro de aferrarnos a aquello que es nuestro, y desesperarnos cuando perdemos aquello que sólo es material. Así, por ejemplo, el campesino se desespera cuando pierde una cosecha incluso cuando la tiene asegurada, o el jugador de bolsa hace lo mismo cuando sus acciones pierden parte de su valor. En cambio, muy pocos se desesperan viendo el hambre o la precariedad de tantos seres humanos, algunos de los cuales viven a nuestro lado.

Jesús siempre puso por delante a las personas, incluso antes que las leyes y los poderosos de su tiempo. Pero nosotros, demasiadas veces, pensamos sólo en nosotros mismos y en aquello que creemos que nos procura felicidad, aunque el egoísmo nunca trae felicidad. Como diría el obispo brasileño Helder Cámara: «El egoísmo es la fuente más infalible de infelicidad para uno mismo y para los que le rodean».

domingo, 29 de enero de 2012

Benedicto XVI: El empeño activo por la unidad es un deber y una responsabilidad

Benedicto XVI: El empeño activo por la unidad es un deber y una responsabilidad


Celebración ecuménica de Vísperas en San Pablo Extramuros




ROMA, jueves 26 enero 2012 (ZENIT.org).- Este miércoles, en la basílica de San Pablo Extramuros, Benedicto XVI presidió la celebración de las segundas vísperas de la solemnidad de la Conversión de San Pablo Apóstol, como conclusión de la XLV Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que tuvo como tema "Todos seremos transformados por la victoria de Jesucristo, nuestro Señor". Participaron en la celebración representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales cristianas presentes en Roma. Publicamos el texto de la homilía pronunciada por el papa durante las vísperas.

*****

¡Queridos hermanos y hermanas!

Con gran gozo dirijo mi cordial saludo a todos ustedes que se han reunido en esta basílica en la fiesta litúrgica de la Conversión de San Pablo, para dar por concluida la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en este año en que celebraremos el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, que por cierto el beato Juan XXIII anunció en esta basílica el 25 de enero de 1959. El tema ofrecido para nuestra meditación en la semana de oración que hoy concluimos es: "Todos seremos transformados por la victoria de Jesucristo, nuestro Señor" (cf. 1 Cor 15,51-58).

El significado de esta misteriosa transformación, de la que habla la segunda lectura breve de esta tarde, se nos muestra de forma admirable en la historia personal de san Pablo. Tras el evento extraordinario que sucedió en el camino de Damasco, Saulo, quien se distinguía por el celo con que perseguía a la Iglesia naciente, fue transformado en un apóstol incansable del evangelio de Jesucristo. En la historia de este extraordinario evangelizador, es claro que tal transformación no es el resultado de una larga reflexión interior y menos el resultado de un esfuerzo personal. Es, ante todo, obra de la gracia de Dios que ha actuado conforme a sus inescrutables caminos. Por esto Pablo, escribiendo a la comunidad de Corinto unos años después de su conversión, dice, como hemos escuchado en la primera lectura de estas Vísperas: "Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí." (I Corintios 15:10). Por otra parte, examinando cuidadosamente la historia de san Pablo, se comprende cómo la transformación que ha experimentado en su vida no se limita al plano ético --como una conversión de la inmoralidad a la moralidad--, ni al nivel intelectual --como cambio del propio modo de entender la realidad--, sino más bien se trata de una renovación radical de su ser, similar en muchos aspectos a un renacimiento. Tal transformación tiene su base en la participación en el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo, y se presenta como un proceso gradual de configuración con Él. A la luz de esta conciencia, san Pablo, cuando luego sea llamado a defender la legitimidad de su vocación apostólica y del evangelio por él anunciado, dirá: "Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gal 2,20).

La experiencia personal vivida por san Pablo le permite esperar con una fundada esperanza, el cumplimiento de este misterio de transformación, que abarcará a todos los que creyeron en Jesucristo y también a toda la humanidad y a toda la creación. En la segunda lectura breve que se proclamó esta tarde, san Pablo, después de desarrollar una larga argumentación para fortalecer en los fieles la esperanza de la resurrección, utilizando las imágenes tradicionales de la literatura apocalíptica de su tiempo, describe en unas pocas líneas el gran día del juicio final, en el que se cumple el destino de la humanidad: "En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final... los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados" (1 Cor 15,52). Ese día, todos los creyentes serán conformados con Cristo y todo lo que es corruptible será transformado por su gloria: "Es necesario que este ser corruptible se vista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad" (v. 15, 53). Entonces el triunfo de Cristo será finalmente completo, porque –nos dice todavía san Pablo mostrando cómo las antiguas profecías de las escrituras se cumplen--, la muerte será vencida definitivamente, y con ella, el pecado que la hizo entrar en el mundo y la Ley que fija el pecado sin dar la fuerza de vencerlo: "La muerte ha sido devorada en la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la Ley" (vv. 54-56). San Pablo nos dice, por lo tanto, que cada hombre, a través del bautismo en la muerte y resurrección de Cristo, participa de la victoria de Aquel que venció primero a la muerte, comenzando un camino de transformación que se manifiesta a partir de ahora en una novedad de vida y que alcanzará su plenitud al final de los tiempos.

Es muy significativo que el pasaje termine con un acción de gracias: "¡Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!" (V. 57). El canto de victoria sobre la muerte se transforma en un canto de agradecimiento elevado al vencedor. También nosotros esta tarde, celebrando las alabanzas vespertinas a Dios, queremos unir nuestras voces, nuestras mentes y corazones a este himno de acción de gracias por lo que la gracia de Dios ha hecho en el Apóstol de los gentiles y por el admirable plan de salvación que Dios Padre cumple en nosotros por medio de nuestro Señor Jesucristo. Al levantar nuestra oración, confiamos en ser transformados y conformados a imagen de Cristo. Esto es particularmente cierto en la oración por la unidad de los cristianos. De hecho, cuando imploramos el don de la unidad de los discípulos de Cristo, hacemos nuestro el deseo expresado por Jesucristo en la oración al Padre, la víspera de su pasión y muerte: "Que todos sean uno" (Jn 17,21). Por esta razón, la oración por la unidad de los cristianos no es otra cosa que la participación en la realización del proyecto divino para la Iglesia, y el compromiso activo para el restablecimiento de la unidad es un deber y una gran responsabilidad para todos.

Aún experimentando en estos días la dolorosa situación de la división, los cristianos podemos y debemos mirar el futuro con esperanza, ya que la victoria de Cristo significa la superación de todo lo que nos impide compartir la plenitud de la vida con Él y con los demás. La resurrección de Jesucristo confirma que la bondad de Dios vence al mal, el amor a la muerte. Él nos acompaña en la lucha contra el poder destructivo del pecado que daña a la humanidad y a toda la creación. La presencia de Cristo resucitado nos llama a todos los cristianos a actuar juntos en la causa del bien. Unidos en Cristo, estamos llamados a compartir su misión, que es traer esperanza donde domina la injusticia, el odio y la desesperación. Nuestras divisiones hacen menos luminoso nuestro testimonio de Cristo. La meta de la plena unidad, que esperamos con activa esperanza y por la cual oramos con confianza, es una victoria no secundaria, sino importante para el bien de la familia humana.

En la cultura hoy dominante, la idea de la victoria se asocia a menudo con un éxito inmediato. En la óptica cristiana, sin embargo, la victoria es un largo y, a los ojos de nosotros los hombres, no siempre lineal proceso de transformación y de crecimiento en el bien. Esta llega según los tiempos de Dios, no los nuestros, y nos exige fe profunda y paciente perseverancia. Aunque el Reino de Dios irrumpa definitivamente en la historia con la resurrección de Jesús, este no se ha realizado por completo. La victoria final vendrá sólo con la segunda venida del Señor, que esperamos con paciente esperanza. También nuestra espera por la unidad visible de la Iglesia debe ser paciente y confiada. Sólo en esta disposición encuentran su pleno significado nuestras oraciones y nuestro compromiso diario con la unidad de los cristianos. La actitud de espera paciente no significa pasividad o resignación, sino una respuesta pronta y atenta ante cada posibilidad de comunión y fraternidad que el Señor nos da.

En este clima espiritual, quisiera dirigir algunos saludos en particular; en primer lugar al cardenal Monterisi, arcipreste de esta Basílica, al abad de la comunidad de monjes benedictinos que nos reciben. Saludo al cardenal Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, y a todos los colaboradores de este dicasterio. Extiendo mis cordiales y fraternos saludos a su eminencia el metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico y al reverendo canónigo Richardson, representante personal del arzobispo de Canterbury en Roma, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales, reunidos aquí esta tarde. Además, me complace especialmente dar la bienvenida a los miembros del Grupo de Trabajo compuesto por representantes de diversas Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en Polonia, que han preparado los materiales para la Semana de Oración de este año, a quienes quisiera expresar mi gratitud y mi deseo de continuar en el camino de la reconciliación y la fructífera colaboración; así como a los miembros del Foro Cristiano Mundial, que en estos días están en Roma para reflexionar sobre la ampliación de la participación de nuevos actores en el movimiento ecuménico. Saludo también al grupo de estudiantes del Instituto Ecuménico del Consejo Ecuménico de las Iglesias de Bossey.

Deseo confiar a la intercesión de san Pablo a todos aquellos que, con su oración y su compromiso, se esfuerzan por la causa de la unidad de los cristianos. Aunque a veces se puede tener la impresión de que el camino hacia el pleno restablecimiento de la comunión es aún muy largo y lleno de obstáculos, invito a todos a renovar la propia determinación de perseguir con valentía y generosidad, la unidad que es voluntad de Dios, siguiendo el ejemplo de san Pablo, quien ante dificultades de todo tipo, conservó siempre firme la confianza en que Dios lleva a cumplimiento su obra. Por lo demás, en este camino no faltan los signos positivos de una reencontrada fraternidad y de un compartido sentido de responsabilidad hacia los grandes problemas que afligen a nuestro mundo. Todo esto es motivo de alegría y de gran esperanza, y debe animarnos a continuar nuestro compromiso de llegar a la meta juntos, sabiendo que nuestra fatiga no es vana en el Señor (cf. 1 Cor 15,58). Amén.

EVANGELIO DEL DOMINGO IV DEK TUENOI IRDUBARUI

Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Domingo IV (B) del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mc 1,21-28): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

Comentario: Rev. D. Jordi CASTELLET i Sala (Sant Hipòlit de Voltregà, Barcelona, España)

«¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!»

Hoy, Cristo nos dirige su enérgico grito, sin dudas y con autoridad: «Cállate y sal de él» (Mc 1,25). Lo dice a los espíritus malignos que viven en nosotros y que no nos dejan ser libres, tal y como Dios nos ha creado y deseado.

Si te has fijado, los fundadores de las órdenes religiosas, la primera norma que ponen cuando establecen la vida comunitaria, es la del silencio: en una casa donde se tenga que rezar, ha de reinar el silencio y la contemplación. Como reza el adagio: «El bien no hace ruido; el ruido no hace bien». Por esto, Cristo ordena a aquel espíritu maligno que calle, porque su obligación es rendirse ante quien es la Palabra, que «se hizo carne, y puso su morada entre nosotros» (Jn 1,14).

Pero es cierto que con la admiración que sentimos ante el Señor, se puede mezclar también un sentimiento de suficiencia, de tal manera que lleguemos a pensar tal como san Agustín decía en las propias confesiones: «Señor, hazme casto, pero todavía no». Y es que la tentación es la de dejar para más tarde la propia conversión, porque ahora no encaja con los propios planes personales.

La llamada al seguimiento radical de Jesucristo, es para el aquí y ahora, para hacer posible su Reino, que se abre paso con dificultad entre nosotros. Él conoce nuestra tibieza, sabe que no nos gastamos decididamente en la opción por el Evangelio, sino que queremos contemporizar, ir tirando, ir viviendo, sin estridencias y sin prisa.

El mal no puede convivir con el bien. La vida santa no permite el pecado. «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro» (Mt 6,24), dice Jesucristo. Refugiémonos en el árbol santo de la Cruz y que su sombra se proyecte sobre nuestra vida, y dejemos que sea Él quien nos conforte, nos haga entender el porqué de nuestra existencia y nos conceda una vida digna de Hijos de Dios.

miércoles, 25 de enero de 2012

Día litúrgico: 25 de Enero: La Conversión de san Pablo, apóstol

Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: 25 de Enero: La Conversión de san Pablo, apóstol

Texto del Evangelio (Mc 16,15-18): En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Éstas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien».

Comentario: Rev. D. Josep GASSÓ i Lécera (Corró d'Avall, Barcelona, España)

«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva»

Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. El breve fragmento del Evangelio según san Marcos recoge una parte del discurso acerca de la misión que confiere el Señor resucitado. Con la exhortación a predicar por todo el mundo va unida la tesis de que la fe y el bautismo son requisitos necesarios para la salvación: «El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará» (Mc 16,16). Además, Cristo garantiza que a los predicadores se les dará la facultad de hacer prodigios o milagros que habrán de apoyar y confirmar su predicación misionera (cf. Mc 16,17-18). La misión es grande —«Id por todo el mundo»—, pero no faltará el acompañamiento del Señor: «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

La oración colecta de hoy, propia de la fiesta, nos dice: «Oh Dios, que con la predicación del Apóstol san Pablo llevaste a todos lo pueblos al conocimiento de la verdad, concédenos, al celebrar hoy su conversión, que, siguiendo su ejemplo, caminemos hacia Ti como testigos de tu verdad». Una verdad que Dios nos ha concedido conocer y que tantas y tantas almas desearían poseer: tenemos la responsabilidad de transmitir hasta donde podamos este maravilloso patrimonio.

La Conversión de san Pablo es un gran acontecimiento: él pasa de perseguidor a convertido, es decir, a servidor y defensor de la causa de Cristo. Muchas veces, quizá, también nosotros mismos hacemos de “perseguidores”: como san Pablo, tenemos que convertirnos de “perseguidores” a servidores y defensores de Jesucristo.

Con Santa María, reconozcamos que el Altísimo también se ha fijado en nosotros y nos ha escogido para participar de la misión sacerdotal y redentora de su Hijo divino: Regina apostolorum, Reina de los apóstoles, ¡ruega por nosotros!; haznos valientes para dar testimonio de nuestra fe cristiana en el mundo que nos toca vivir.

CUAL ES NUESTRA MISIÓN COMO CATÓLICOS

HOY COMO SE DICE AL PRINCIPIO ES LA CONVERSIÓN DEL GRAN APÓSTOL SAN PABLO, CREO QUE ES EL MOMENTO QUE NOSOTROS TENEMOS QUE EXAMINARNOS Y PREGUNTARNOS ¿COMO LLEVO YO MI CONVERSIÓN? ¿INTENTO PREDICAR EL REINO DE DIOS EN EL MUNDO? SAN PABLO FUE UN GRAN PERSEGUIDOR DE JESÚS Y SU DOCTRINA, SIN EMBARGO POR ESA GRACIA ESPECIAL QUE CRISTO LE DA SE TRANSFORMA DE PERSEGUIDOR EL MAS PERSEGUIDO POR CAUSA DEL MISMO JESÚS ¿Y NOSOTROS, NO HEMOS SIDO O TAL VEZ SOMOS PERSEGUIDORES DE CRISTO? HOY ES EL DÍA Y EL MOMENTO DE CAER DEL CABALLO Y POSTRADO ANTE JESÚS LE DIGAMOS ¡ SEÑOR DESDE HOY SERÉ EL MAS FIEL PREDICADOR DE TU DOCTRINA A FIN DE QUE TODOS LOS QUE NOS RODEAN SEAN AUTÉNTICOS MISIONEROS DEL EVANGELIO.!

martes, 24 de enero de 2012

SUMARIO: -Presentado el mensaje del Papa para la Jornada de las Comunicaciones Sociales -Silencio y palabra, camino de evangelización -Otr

___________________________________________________________







SUMARIO:



-Presentado el mensaje del Papa para la Jornada de las Comunicaciones Sociales

-Silencio y palabra, camino de evangelización

-Otros actos pontificios



___________________________________________________________



PRESENTADO EL MENSAJE DEL PAPA PARA LA JORNADA DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES



CIUDAD DEL VATICANO, 24 ENE 2012 (VIS).-Esta mañana se ha celebrado, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, una conferencia para presentar el Mensaje escrito por el Papa Benedicto XVI con ocasión de la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, y titulado: "Silencio y Palabra: camino de Evangelización". Han intervenido en la rueda de prensa el arzobispo Claudio Maria Celli, Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales; los monseñores Paul Tighe y Giuseppe Antonio Scotti, respectivamente secretario y secretario adjunto del Pontificio Consejo; y Angelo Scelzo, subsecretario del mismo dicasterio.



El arzobispo Celli recordó que "todos los años, en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa trata de analizar la cultura de la comunicación para ofrecer sugerencias al hombre de hoy y orientar la acción pastoral de la Iglesia. En los últimos años, el Papa ha estado muy atento a los procesos y las dinámicas de la comunicación, especialmente en el contexto de la transformación cultural originada por el desarrollo tecnológico".



Este año, en cambio, "el Santo Padre dirige su atención a un elemento clásico de la comunicación, el binomio silencio-palabra. Este aspecto, a pesar de ser clásico, adquiere una importancia cada vez mayor en el contexto de la cultura digital". Mons. Celli explicó que Benedicto XVI reflexiona en su mensaje acerca de la importancia del silencio para una comunicación auténtica. El silencio puede ser un modo de expresión, da al otro la posibilidad de hablar y a uno mismo la ocasión de escuchar, pensar y reflexionar. "En el fondo -dijo-, es en el silencio donde se puede otorgar el justo significado a la comunicación, para evitar verse sumergido por el volumen de la comunicación misma".



Por ello, "el silencio es cada vez más importante en el contexto del flujo de preguntas que, en cierto modo, es el motor de la moderna cultura de la comunicación". El Papa sugiere que "en el centro de este flujo de interrogantes hay una pregunta fundamental dirigida a la búsqueda de la Verdad; de aquí nace de nuevo la importancia del silencio como lugar privilegiado donde la persona humana se encuentra ante sí misma y ante Dios". El hombre descubre en el silencio "la posibilidad de hablar con Dios y de Dios". Por ello, el Pontífice recuerda a los agentes de la evangelización que el silencio y la palabra "son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo".

CON-CS/ VIS 20120124 (440)



SILENCIO Y PALABRA, CAMINO DE EVANGELIZACIÓN



CIUDAD DEL VATICANO, 24 ENE 2012 (VIS).-Hoy, fiesta de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas y de los escritores, se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Con este motivo, el Santo Padre Benedicto XVI ha escrito un mensaje titulado "Silencio y Palabra: camino de evangelización", que se ha publicado esta mañana. Ofrecemos a continuación amplios extractos de dicho mensaje:



"En esta Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales de 2012, deseo compartir con vosotros algunas reflexiones sobre un aspecto del proceso humano de la comunicación que, siendo muy importante, a veces se olvida y hoy es particularmente necesario recordar. Se trata de la relación entre el silencio y la palabra: dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre las personas". (...)



"El silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento (...). Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y nosotros no permanecemos aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena. (...) Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial. Una profunda reflexión nos ayuda (...) a valorar y analizar los mensajes; esto hace que se puedan compartir opiniones sopesadas y pertinentes, originando un auténtico conocimiento compartido. Por esto, es necesario crear un ambiente propicio, casi una especie de 'ecosistema' que sepa equilibrar silencio, palabra, imágenes y sonidos".



"Gran parte de la dinámica actual de la comunicación está orientada por preguntas en busca de respuestas. Los motores de búsqueda y las redes sociales son el punto de partida en la comunicación para muchas personas que buscan consejos, sugerencias, informaciones y respuestas. (...) Más aún, a menudo el hombre contemporáneo es bombardeado por respuestas a interrogantes que nunca se ha planteado, y a necesidades que no siente. El silencio es precioso para favorecer el necesario discernimiento entre los numerosos estímulos y respuestas que recibimos, para reconocer e identificar asimismo las preguntas verdaderamente importantes". (...)



"En realidad, este incesante flujo de preguntas manifiesta la inquietud del ser humano siempre en búsqueda de verdades, pequeñas o grandes, que den sentido y esperanza a la existencia. El hombre no puede quedar satisfecho con un sencillo y tolerante intercambio de opiniones escépticas y de experiencias de vida: todos buscamos la verdad". (...)



"Hay que considerar con interés los diversos sitios, aplicaciones y redes sociales que pueden ayudar al hombre de hoy a vivir momentos de reflexión y de auténtica interrogación, pero también a encontrar espacios de silencio, ocasiones de oración, meditación y de compartir la Palabra de Dios. En la esencialidad de breves mensajes, a menudo no más extensos que un versículo bíblico, se pueden formular pensamientos profundos, si cada uno no descuida el cultivo de su propia interioridad. No sorprende que en las distintas tradiciones religiosas, la soledad y el silencio sean espacios privilegiados para ayudar a las personas a reencontrarse consigo mismas y con la Verdad que da sentido a todas las cosas. El Dios de la revelación bíblica habla también sin palabras: 'Como pone de manifiesto la cruz de Cristo, Dios habla por medio de su silencio'." (...)



"Si Dios habla al hombre también en el silencio, el hombre igualmente descubre en el silencio la posibilidad de hablar con Dios y de Dios. (...) Al hablar de la grandeza de Dios, nuestro lenguaje resulta siempre inadecuado y así se abre el espacio para la contemplación silenciosa. De esta contemplación nace con toda su fuerza interior la urgencia de la misión, la necesidad imperiosa de 'comunicar aquello que hemos visto y oído', para que todos estemos en comunión con Dios". (...)



"En la contemplación silenciosa emerge asimismo, todavía más fuerte, aquella Palabra eterna por medio de la cual se hizo el mundo, y se percibe aquel designio de salvación que Dios realiza a través de palabras y gestos en toda la historia de la humanidad. (...) Y este plan de salvación culmina en la persona de Jesús de Nazaret, mediador y plenitud de toda la Revelación. Él nos hizo conocer el verdadero Rostro de Dios Padre, y con su Cruz y Resurrección nos hizo pasar de la esclavitud del pecado y de la muerte a la libertad de los hijos de Dios. La pregunta fundamental sobre el sentido del hombre encuentra en el Misterio de Cristo la respuesta capaz de dar paz a la inquietud del corazón humano. Es de este Misterio de donde nace la misión de la Iglesia, y es este Misterio el que impulsa a los cristianos a ser mensajeros de esperanza y de salvación, testigos de aquel amor que promueve la dignidad del hombre y que construye la justicia y la paz".



"Palabra y silencio. Aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de la evangelización: silencio y palabra son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo".

MESS/ VIS 20120124 (890)





OTROS ACTOS PONTIFICIOS



CIUDAD DEL VATICANO, 24 ENE 2012 (VIS).- El Santo Padre ha nombrado al obispo Hervé Gaschignard como nuevo obispo de Aire et Dax (superficie: 9.346; población: 362.827; católicos: 261.000; sacerdotes: 153; religiosos: 211; diáconos permanentes: 14), en Francia. Ha sido hasta ahora Auxiliar de Toulouse (Francia). Sucede al obispo Philippe Breton, cuya renuncia al gobierno pastoral de la diócesis, al haber alcanzado el límite de edad, fue aceptada por el Santo Padre.

RE:NER/ VIS 20120124 (80)









Sumario | ArchivosVIS | Servicios de Información | Cancelar | Contacto | Confidencialidad

Actividad del Papa


Documentos
del Papa


Catecismo
Biblia y otros


Curia
Romana


Ciudad del Vaticano


Sellos Monedas


Museos
Vaticanos


Librería Ed. Vaticana


Acreditaciones


Fotos
L'Osservatore

Encontrará más información en: www.visnews.org
El VIS se envía sólo a las direcciones que lo han solicitado. Para cambios de dirección, cancelaciones y otras opciones pulse aquí.
Las noticias contenidas en los servicios del Vatican Information Service pueden ser reproducidas parcial o totalmente, citando la fuente:
V.I.S. - Vatican Information Service. www.visnews.org
Copyright © VIS - Vatican Information Service - 00120 Ciudad del Vaticano







CIUDAD DEL VATICANO, 24 ENE 2012 (VIS).-Esta mañana se ha celebrado, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, una conferencia para presentar el Mensaje escrito por el Papa Benedicto XVI con ocasión de la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, y titulado: "Silencio y Palabra: camino de Evangelización". Han intervenido en la rueda de prensa el arzobispo Claudio Maria Celli, Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales; los monseñores Paul Tighe y Giuseppe Antonio Scotti, respectivamente secretario y secretario adjunto del Pontificio Consejo; y Angelo Scelzo, subsecretario del mismo dicasterio.



El arzobispo Celli recordó que "todos los años, en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa trata de analizar la cultura de la comunicación para ofrecer sugerencias al hombre de hoy y orientar la acción pastoral de la Iglesia. En los últimos años, el Papa ha estado muy atento a los procesos y las dinámicas de la comunicación, especialmente en el contexto de la transformación cultural originada por el desarrollo tecnológico".



Este año, en cambio, "el Santo Padre dirige su atención a un elemento clásico de la comunicación, el binomio silencio-palabra. Este aspecto, a pesar de ser clásico, adquiere una importancia cada vez mayor en el contexto de la cultura digital". Mons. Celli explicó que Benedicto XVI reflexiona en su mensaje acerca de la importancia del silencio para una comunicación auténtica. El silencio puede ser un modo de expresión, da al otro la posibilidad de hablar y a uno mismo la ocasión de escuchar, pensar y reflexionar. "En el fondo -dijo-, es en el silencio donde se puede otorgar el justo significado a la comunicación, para evitar verse sumergido por el volumen de la comunicación misma".



Por ello, "el silencio es cada vez más importante en el contexto del flujo de preguntas que, en cierto modo, es el motor de la moderna cultura de la comunicación". El Papa sugiere que "en el centro de este flujo de interrogantes hay una pregunta fundamental dirigida a la búsqueda de la Verdad; de aquí nace de nuevo la importancia del silencio como lugar privilegiado donde la persona humana se encuentra ante sí misma y ante Dios". El hombre descubre en el silencio "la posibilidad de hablar con Dios y de Dios". Por ello, el Pontífice recuerda a los agentes de la evangelización que el silencio y la palabra "son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo".

CON-CS/ VIS 20120124 (440)



SILENCIO Y PALABRA, CAMINO DE EVANGELIZACIÓN



CIUDAD DEL VATICANO, 24 ENE 2012 (VIS).-Hoy, fiesta de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas y de los escritores, se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Con este motivo, el Santo Padre Benedicto XVI ha escrito un mensaje titulado "Silencio y Palabra: camino de evangelización", que se ha publicado esta mañana. Ofrecemos a continuación amplios extractos de dicho mensaje:



"En esta Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales de 2012, deseo compartir con vosotros algunas reflexiones sobre un aspecto del proceso humano de la comunicación que, siendo muy importante, a veces se olvida y hoy es particularmente necesario recordar. Se trata de la relación entre el silencio y la palabra: dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre las personas". (...)



"El silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento (...). Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y nosotros no permanecemos aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena. (...) Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial. Una profunda reflexión nos ayuda (...) a valorar y analizar los mensajes; esto hace que se puedan compartir opiniones sopesadas y pertinentes, originando un auténtico conocimiento compartido. Por esto, es necesario crear un ambiente propicio, casi una especie de 'ecosistema' que sepa equilibrar silencio, palabra, imágenes y sonidos".



"Gran parte de la dinámica actual de la comunicación está orientada por preguntas en busca de respuestas. Los motores de búsqueda y las redes sociales son el punto de partida en la comunicación para muchas personas que buscan consejos, sugerencias, informaciones y respuestas. (...) Más aún, a menudo el hombre contemporáneo es bombardeado por respuestas a interrogantes que nunca se ha planteado, y a necesidades que no siente. El silencio es precioso para favorecer el necesario discernimiento entre los numerosos estímulos y respuestas que recibimos, para reconocer e identificar asimismo las preguntas verdaderamente importantes". (...)



"En realidad, este incesante flujo de preguntas manifiesta la inquietud del ser humano siempre en búsqueda de verdades, pequeñas o grandes, que den sentido y esperanza a la existencia. El hombre no puede quedar satisfecho con un sencillo y tolerante intercambio de opiniones escépticas y de experiencias de vida: todos buscamos la verdad". (...)



"Hay que considerar con interés los diversos sitios, aplicaciones y redes sociales que pueden ayudar al hombre de hoy a vivir momentos de reflexión y de auténtica interrogación, pero también a encontrar espacios de silencio, ocasiones de oración, meditación y de compartir la Palabra de Dios. En la esencialidad de breves mensajes, a menudo no más extensos que un versículo bíblico, se pueden formular pensamientos profundos, si cada uno no descuida el cultivo de su propia interioridad. No sorprende que en las distintas tradiciones religiosas, la soledad y el silencio sean espacios privilegiados para ayudar a las personas a reencontrarse consigo mismas y con la Verdad que da sentido a todas las cosas. El Dios de la revelación bíblica habla también sin palabras: 'Como pone de manifiesto la cruz de Cristo, Dios habla por medio de su silencio'." (...)



"Si Dios habla al hombre también en el silencio, el hombre igualmente descubre en el silencio la posibilidad de hablar con Dios y de Dios. (...) Al hablar de la grandeza de Dios, nuestro lenguaje resulta siempre inadecuado y así se abre el espacio para la contemplación silenciosa. De esta contemplación nace con toda su fuerza interior la urgencia de la misión, la necesidad imperiosa de 'comunicar aquello que hemos visto y oído', para que todos estemos en comunión con Dios". (...)



"En la contemplación silenciosa emerge asimismo, todavía más fuerte, aquella Palabra eterna por medio de la cual se hizo el mundo, y se percibe aquel designio de salvación que Dios realiza a través de palabras y gestos en toda la historia de la humanidad. (...) Y este plan de salvación culmina en la persona de Jesús de Nazaret, mediador y plenitud de toda la Revelación. Él nos hizo conocer el verdadero Rostro de Dios Padre, y con su Cruz y Resurrección nos hizo pasar de la esclavitud del pecado y de la muerte a la libertad de los hijos de Dios. La pregunta fundamental sobre el sentido del hombre encuentra en el Misterio de Cristo la respuesta capaz de dar paz a la inquietud del corazón humano. Es de este Misterio de donde nace la misión de la Iglesia, y es este Misterio el que impulsa a los cristianos a ser mensajeros de esperanza y de salvación, testigos de aquel amor que promueve la dignidad del hombre y que construye la justicia y la paz".



"Palabra y silencio. Aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de la evangelización: silencio y palabra son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo".

MESS/ VIS 20120124 (890)